
Aquella tarde de delirio y penumbra
Recordé esa sonrisa, y la historia de una duna
Recortando el pasto seco y arrancando la mala hierba
Con unos cortes en las manos y la espalda llena de tierra
¡Por qué Dios mio, no me diste tiempo!
Para decirle a ese astuto anticuchero
Que el corazón que robo, ya tenia dueño.
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